Psicólogo Infantil

Psicólogo Infantil

La infancia comprende 3 etapas:

  1. Primera infancia (0 a 2-3 años). En esta etapa el niño está muy centrado en sí mismo y en su entorno más inmediato, progenitores y hermanos (contexto familiar).
  2. Segunda infancia (3 a 6-7 años) . En esta etapa el niño empieza a ensanchar su foco de atención hacia los iguales, hacia otros niños.
  3. Tercera infancia (6-7 a 11-12 años). En esta etapa se introduce un nuevo contexto socializador en la vida del niño, la escuela, y ensancha su foco de atención hacia los maestros y compañeros.

Las dos últimas etapas comprenden propiamente lo que se conoce como “niñez o infancia”. Y en todas ellas la actitud de los padres es clave para su desarrollo.

De hecho, la realidad nos muestra que los padres y maestros suelen ser las primeras personas en darse cuenta de que hay algo que “no funciona bien” en su hijo o alumno respectivamente. Esto es comprensible al ser las personas que forman parte del entorno más cercano de los menores. Generalmente, este “no funciona bien” suele hacer referencia, o bien, a problemas en el comportamiento o conducta, o bien, a alteraciones en el estado de ánimo.

Una vez salta esta señal de alarma, el siguiente paso suele ser visitar el pediatra de referencia y éste, después de hacer una valoración, los oriente hacia profesionales de la salud en el ámbito de la psicología o incluso de la psiquiatría.

Esto no es una noticia fácil de digerir para nadie y menos para los progenitores. Los padres suelen sentir una mezcla de sentimientos y emociones, la gran mayoría de ellos negativos como la frustración, el enojo, la decepción, la tristeza, la impotencia, la negación, el fracaso como padres y, incluso , pueden culpabilizarse de lo que le está pasando a su hijo. Esto no es cierto ya que la problemática suele terminar teniendo una base “multicausal” y además puede presentarse tanto en población infanto juvenil sana como no sana. Los padres deben tomar el rol de ser un factor de protección para su hijo y en eso los psicólogos les podemos asesorar, orientar y ayudar.

A veces, entre los padres surge la duda de qué se considera normal y qué no para la edad de su hijo, como saber si lo que mi hijo presenta es una señal de alarma y por lo tanto tengo que buscar ayuda profesional o cuando forma parte de un desarrollo normal.

A grandes rasgos, a continuación expongo aquellas conductas que deberían poner en estado de alerta a los adultos más cercanos al niño:

• Descenso del rendimiento académico y / o dificultades en el aprendizaje.
• Falta de atención y / o Falta de concentración
• Aislamiento o inhibición social (no mostrar interés por los demás, preferencia para jugar solo, la sensación de que no entiende qué pasa a su alrededor, dificultad para conectar con los demás …)
• Dificultades en las relaciones sociales.
• Alteraciones del sueño: dificultades para conciliar el sueño, despertares nocturnos, pesadillas, terrores nocturnos.
• Dificultades en el control de esfínteres (dificultad en el control voluntario del esfínter anal / vesical durante el día / la noche).
• Quejas somáticas, es decir, quejas frecuentes sobre males físicos como dolor de cabeza o dolor de estómago y que no tienen una causa médica.
• Impulsividad / Agresiones / Hiperactividad sin fin.
• Tozudez significativa.
• Ansiedad en forma de lloros, pataletas en alejarse de los padres o en preverlo.
• Miedos desproporcionados y persistentes.
• Tristeza / Irritabilidad / Culpabilidad / Falta de ilusión
• Pensamiento y psicomotricidad enlentecidos.

Todas ellas son la expresión que hay algo que no acaba de ir bien, de un conflicto de fondo. Estas conductas deberán hacer saltar las señales de alarma cuando, debido a su manifestación persistente y frecuente, limitan la evolución normal del niño, es decir, cuando interfieren, deterioran y dificultan su actividad en los contextos social, familiar , escolar y académico causando dolor y sufrimiento en el niño.

Tened en cuenta que el tiempo que transcurre desde la presentación del problema o dificultad hasta que se pide ayuda es esencial tanto para la duración de la intervención como por la recuperación de su hijo. Los niños son un colectivo vulnerable y frágil. Algunos padres pueden pensar que por ser pequeño su hijo no se entera de nada o que nada le afecta, no es cierto, que sean pequeños no es sinónimo de que no perciban qué pasa a su alrededor y que no lo manifiesten de igual manera que los adultos no quiere decir que no les afecte. La realidad, es que cualquier cambio en la vida de un niño (la separación de los padres, la muerte de una persona significativa, el nacimiento de un hermano, un cambio de escuela o domicilio …) pueden afectar a la salud mental provocando miedos, ansiedad, tristeza, comportamientos inadecuados … De pequeños todo les afecta más y por lo tanto es más fácil que resulten dañados emocionalmente.

Es importante recalcar que una misma problemática puede tener manifestaciones diferentes y incluso afectar de manera diferente al niño debido a la gran variabilidad intrínseca y de seres únicos que somos cada uno de nosotros, por lo tanto, esto hace esencial y necesario para la intervención que la terapia sea individualizada y personalizada no sólo al niño sino también a sus familias, e incluso, a su escuela. Es básica una coordinación del profesional con los padres y la escuela. Esto es lo que yo ofrezco, después de hacer una valoración y exploración del niño, de su problemática y de su contexto y entorno, trabajo de manera coordinada tanto con su familia como con la escuela a la que asiste el menor, evidentemente sin dejar de lado el trabajo individual con el niño. En definitiva, adecuar la intervención a todos los miembros indispensables, desde el propio niño hasta los adultos de su entorno inmediato que serán claves para que pueda recuperarse lo antes posible y continuar disfrutando de su vida con normalidad.

Las problemáticas o trastornos que trato en población infantil son las siguientes:

  • Trastornos del Aprendizaje y dificultades en el rendimiento escolar (dislexia, disortografía, discalculia, técnicas de estudio y estrategias de aprendizaje).
  • Trastorno por Déficit de Atención con / sin Hiperactividad (TDA-H).
  • Trastorno negativista desafiante, dificultad en el control de los impulsos, agresividad.
  • Trastornos del Estado de Ánimo: depresión infantil, duelo.
  • Trastornos de Ansiedad: miedos, fobias, obsesiones.
  • Trastorno del Espectro Autista: Síndrome de Asperger.
  • Dificultades emocionales: autoestima, inseguridades, habilidades sociales, expresión emocional, celos, acoso escolar …
  • Asesoramiento y Orientación Familiar: habilidades, pautas educativas y comunicativas, procesos de separación o divorcio, procesos de pérdida o enfermedad, fracaso escolar, problemas relacionados con el sueño infantil, celos, dificultades en el comportamiento infantil.
  • Orientación y Apoyo Escolar: asesoramiento para reconducir conductas disruptivas, conflictivas y problemáticas en el aula, así como también asesoramiento en conductas de acoso escolar.