Psicólogo Juvenil

Psicólogo juvenil

La adolescencia (12-13 a 18 años. El foco de interés vuelve a centrarse en sí mismos, sus amistades y el mundo) es la cuarta etapa del desarrollo del ser humano. Es un período de la vida que transcurre desde la finalización de la infancia hasta el inicio de la edad adulta. En otras palabras, la adolescencia es la transformación del niño que afecta a su cuerpo y en su mente.

Durante la adolescencia la integración en grupos y el desarrollo de las relaciones sociales cobran una importancia vital porque son el “puente” que les permite obtener lo que los adolescentes anhelan tanto y es ser ellos mismos, romper con el cordón umbilical que los une a sus padres, ser libres y autónomos. Proceso necesario para estar preparado para iniciar la vida adulta.

Los cambios en l’ adolescencia respecto las etapas anteriores pueden resumirse a grandes rasgos en:

  • un periodo de cambios físicos, psicológicos, cognoscitivos y sociales.
  • aumenta el interés hacia las relaciones sexuales.
  • aumenta el deseo de independencia, autonomía y deseo de “separarse” de los progenitores.
  • búsqueda de una mayor cercanía y apoyo de sus iguales.
  • el entorno social también se muestra más exigente con ellos y les atribuye mayor autonomía, madurez y “sentido común”.
  • tienen que enfrentarse a diferentes cambios en su entorno físico (por ejemplo, paso del colegio al instituto) que, en algunas ocasiones, suponen nuevos retos y desafíos.

En esta etapa, también son los padres y maestros quienes detectan primero que hay algo que “no funciona bien” en su hijo o alumno respectivamente. Esto es comprensible al ser las personas que forman parte del entorno más cercano de los menores. Generalmente, este “no funciona bien” suele hacer referencia, o bien, a problemas en el comportamiento o conducta, o bien, a alteraciones en el estado de ánimo.

Una vez salta esta señal de alarma, el siguiente paso suele ser visitar el pediatra de referencia y éste, después de hacer una valoración, los oriente hacia profesionales de la salud en el ámbito de la psicología o incluso de la psiquiatría.
Esto no es una noticia fácil de digerir para nadie y menos para los progenitores. Los padres suelen sentir una mezcla de emociones y sentimientos, la gran mayoría de ellos negativos, como la frustración, el enojo, la decepción, la tristeza, la impotencia, la negación, el fracaso como padres y, incluso , pueden culpabilizarse de lo que le está pasando a su hijo.

Esto no es cierto ya que la problemática suele terminar teniendo una base “multicausal” y además puede presentarse tanto en población infanto juvenil sana como no sana. Los padres deben tomar el rol de ser un factor de protección para su hijo y en eso los psicólogos les podemos asesorar, orientar y ayudar.

A veces, entre los padres surge la duda de qué se considera normal y qué no para la edad de su hijo, como saber si lo que mi hijo presenta es una señal de alarma y por lo tanto tengo que buscar ayuda profesional o cuando forma parte de un desarrollo normal.

A grandes rasgos, a continuación expongo aquellas conductas que deberían poner en estado de alerta a los adultos más cercanos al adolescente:

  • Deterioro: académico, social, familiar y personal.
  • Autoestima baja / Culpabilidad / Auto desprecio personal / Infravaloración
  • Mal humor / Irritabilidad / Agresividad / Tristeza / Pesimismo.
  • Insomnio / pérdida de apetito y peso / somnolencia / fatiga crónica / apatía.
  • Desobediencia sistemática / absentismo escolar.
  • Mentiras / Robos / Infracciones
  • Conductas sexuales inadecuadas
  • Crueldad en animales.
  • Consumo de tóxicos
  • Miedos desproporcionados y persistentes.
  • Retraimiento, Pasividad y introversión excesivas.
  • Falta de amigos íntimos / evitación de grupos.
  • Ideas de muerte o de suicidio
  • Euforia excesiva
  • Comportamientos extravagantes, raros, extraños
  • Manifestaciones afectivas anormales.
  • Discurso e ideas extrañas / Delirios y alucinaciones.
  • Atracónes o restricción de comida / vómito inducido.

Todas ellas son la expresión que hay algo que no acaba de ir bien, de un conflicto de fondo. Estas conductas deberán hacer saltar las señales de alarma cuando, debido a su manifestación persistente y frecuente, limitan la evolución normal del adolescente, es decir, cuando interfieren, deterioran y dificultan su actividad en los contextos social, familiar, escolar y académico causando dolor y sufrimiento en el joven.

Tened en cuenta que el tiempo que transcurre desde la presentación del problema o dificultad hasta que se pide ayuda es esencial tanto para la duración de la intervención como para la recuperación de su hijo. Los adolescentes son un colectivo vulnerable y frágil.

Una misma problemática puede tener manifestaciones diferentes y incluso afectar de manera diferente al adolescente debido a la gran variabilidad intrínseca y de seres únicos que somos cada uno de nosotros, por lo tanto, esto hace esencial y necesario para la intervención que la terapia sea individualizada y personalizada no sólo al adolescente sino también a sus familias, e incluido, en su escuela. Es básica una coordinación del profesional con los padres y la escuela.

Esto es lo que yo ofrezco, después de hacer una valoración y exploración del joven, de su problemática y de su contexto y entorno, trabajo de manera coordinada tanto con su familia como con la escuela a la que asiste el menor, evidentemente sin dejar de lado el trabajo individual con el adolescente. En definitiva, adecuar la intervención a todos los miembros indispensables, desde el propio adolescente hasta los adultos de su entorno más inmediato que serán claves para que pueda recuperarse lo antes posible y continuar disfrutando de su vida con normalidad.

Las problemáticas o trastornos que trato en población juvenil son las siguientes:

  • Problemas escolares: orientación académica y profesional, fracaso escolar, falta de motivación, ansiedad ante procesos evaluativos (controles, exposición en público), hábito y técnicas de estudio.
  • Trastorno por Déficit de Atención con / sin Hiperactividad (TDA-H)
  • Trastorno negativista desafiante, dificultad en el control de los impulsos, agresividad.
  • Trastornos del Estado de Ánimo: depresión, duelo.
  • Trastornos de Ansiedad (fobias y obsesiones): miedos, fobia social, fobia escolar, fobias específicas, trastorno obsesivo compulsivo.
  • Trastorno del Espectro Autista: Síndrome de Asperger.
  • Adicción a las redes sociales y las nuevas tecnologías.
  • Dificultades emocionales: autoestima, inseguridades, habilidades sociales, expresión emocional, celos, acoso escolar, dependencia emocional, violencia de género.
  • Asesoramiento y Orientación Familiar: habilidades, pautas educativas y comunicativas, procesos de separación o divorcio, procesos de pérdida o enfermedad, fracaso escolar, adicciones tecnológicas.
  • Orientación y Apoyo Escolar: asesoramiento para reconducir conductas disruptivas, conflictivas y problemáticas en el aula, así como también asesoramiento en conductas de acoso escolar.